LEYES ESTATALES Y SUS CONSECUENCIAS


Ya no son las leyes que se establecen en estos momentos por el gobierno de España, que son de reflexión permanente, sino las consecuencias que se consiguen.

No son los mandatos gubernamentales los que dejan incómodos a muchos habitantes de este país, sino sus regulaciones, sus contradicciones y sus implicaciones carentes de libertad.

No es de extrañar que tras la nueva Ley del Tabaco, la ministra de sanidad, Leire Pajín, insinúe que el ministerio estudiará el apoyo a aquellos que quieran dejar de fumar.

Está muy bien ayudar a los demás, ser flexibles para que los ciudadanos vivan en las mejores condiciones, pero yo me pregunto: ¿habrá los mismos medios para ayudar a los alcohólicos, a los drogadictos, a un sinfín de enfermedades raras, -no pagadas por la Seguridad Social-, a los que tienen constantes adicciones, con medios públicos pagado por todos?

Es de un gran valor ayudar a personas que lo necesitan, que tienen necesidades vitales, por lo que me imagino que tras el debacle de la economía, intentarán apoyar a todos los parados, dándoles una manutención económica.

No se puede fumar, pero sube el tabaco. Se prohíbe, y posteriormente hay que apoyar para que no se fume, pero, claro está, el impuesto del tabaco acarrea un porcentaje elevadísimo de su coste en el mercado, ¿es lógico o contradictorio?

Si realmente la ministra emprende esa reflexión y llega a aprobarse alguna medida en defensa de ayudar al que quiera dejar de fumar, rápidamente tendrá que comenzar a estudiar otros temas que puede demandarle la sociedad, ¿no podría ser así? Yo, al menos, lo haría, ya que parte de ese coste, de esa inversión, la pago yo con mis impuestos.

Pero, quizás, sea una burbuja de información para que su política y la del gobierno parezcan solidarias y de un ámbito social penetrante.

¡CUÁNTA HIPOCRESÍA, POR FAVOR!

Las soluciones no están en prohibir o poner decretos impositivos, sino hacer una política gubernamental, con los mínimos costes posibles, enseñando y promoviendo leyes a favor del ciudadano, no, precisamente, en contra de él, y con unos gastos adicionales en sus nóminas u otros impuestos indirectos.

¿QUÉ NOS ESTÁ ENSEÑANDO ESTE GOBIERNO? NADA. ¿CUÁNTO EXIGE AL CIUDADANO? TODO

Prohíben y suben impuestos de la prohibición, cuando al gobierno lo que le interesa es incrementar su caudal. ¡Qué barbaridad! ¿Tendrán que subir el alcohol, para que haya menos alcohólicos? ¿Tendrán que intensificar el consumo de las drogas?
No sé por dónde va este gobierno, pero creo que no está muy acertado. Y, sobre todo, tal como he hecho la referencia anterior, si la ministra de sanidad apoya económicamente al que quiera dejar de fumar, ya puede prepararse para todos los colectivos de trascendente necesidad que quieran dejarlo.

Lo que tendrían que preocuparse es de planificar una estructura económica seria para que haya menos parados y mucho más trabajo, que creo es lo que interesa y preocupa profundamente a este país. Dejarse de demagogias y ahondar en lo más conveniente, en lo que necesita esta nación.

Y entrando en el tema del ministerio de sanidad, como la ministra creo que cobra muchísimos sueldos al mes, quizás podría ponerlo de su bolsillo, porque es muy cómodo opinar, negociar y desprenderse de un dinero público que todos lo pagamos mientras su economía crece y crece gracias a los españoles, aquellos que trabajan y los que no, que también aportan al Estado sus impuestos.

¡TIENE COJONES EL TEMA!

Personas que están en el paro y siguen pagando impuestos, para que la ministra siga cobrando cada vez más, porque creo que ellos no se han rebajado el sueldo ¿no? ¿O quizás esté equivocado? Porque si lo estoy, tendré que pedir disculpas, pero si no es así,

¡VAYA DESVERGÜENZA!

Debo decir que siento mucho el ataque a los fumadores, porque parecen leprosos y creo que no es correcto. Peor es la hipocresía política y otros desmanes, que tener la necesidad de fumar un pitillo alguna o muchas veces, cuando los que lo hacen pueden ser honestos, dignos, inteligentes y con otras cualidades pronunciadas, mientras otros que los critican quizás no lo sean, incluidos los que han tomado esa medida legislativa.

Sigo informando de que no fumo, no bebo ni jamás he tomado drogas, pero habría que vigilar más otras conductas humanas que el simple hecho de ser fumadores, que están arrojados a la sociedad como apestosos.

¡QUÉ JODIDO ESTÁ ESTE PAÍS

ÁNGEL SANZ GOENA
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3 Responses so far.

  1. Personalmente pienso que toda prohibición es en esencia mala, primero porque supone que voluntariamente no se consigue algo y en segundo lugar, porque toda prohibición legislada lleva aparejada una sanción o castigo.

    Yo no soy fumadora y honestamente detesto el tabaco porque lo considero perjudicial para la salud, así como el ruido, la contaminación acústica, la contaminación por los coches, las fábricas, etc.

    Creo que lo coherente sería no penalizar a los fumadores sino un plan de salud integral para prevenir desde la infancia este y tantos otros vicios. El fumador no es un delincuente sino un adicto al tabaco.

    Yo creo que con esta ley sólo se crearán guetos de fumadores, se fomentará la creación de locales ilegales y aumentará la corrupción.

    Quitar el derecho de elección en cualquier cosa es malo, imponer es malo, hasta si lo que se pretende imponer es salud. Entiendo mejor educar en le respeto que prohibir.

  2. Buenas noches, Ángel. Revisando tus entradas, he llegado hasta aquí - no es que me piense para en estas letras, no, seguiré avanzando, por supuesto - y quiero dar mi opinión al respecto. De acuerdo contigo en tantas cosas... Hipocresía y más hipocresía, nos rodea.

    Nunca he entendido, por ejemplo, por qué con una mano se hace el signo de la paz y con la otra se venden armas a dictadores-reyezuelo-señores de la guerra de la peor calaña (y esto lo hace España. y sin sonrojarse lo más mínimo); igual que nunca he comprendido que se diga que el tabaco es malo, malísimo -que lo es- y, sin embargo, se permita que siga circulando libremente. No soy fumadora. Detesto el tabaco y el terrible olor que impregna mi pelo o mi ropa cuando estoy cerca de una persona fumadora. No soporto salir de casa perfumadita de azahar - es un decir... - y que se me enrosque en el cuello el olor de un cigarro que va cincuenta metros delante de mi, prendido de los dedos de alguien para quien ese aroma es afrodisíaco. Y eso me sucede muy a menudo. Ahora bien, a pesar de todo eso, no prohibiría que la gente deje de fumar. Eso sí, que lo hagan bien lejos de mi. Por eso sí estoy de acuerdo con nuestro hipócrita gobierno - y en esta materia, y en muchas otras, ¿qué gobierno no lo ha sido, o es? - y prefiero que si estoy en un restaurante no me estén aromatizando el pescado con un puro. Los fumadores se quejan de que se les prohíbe fumar. No es cierto. No se les prohibe fumar, se les prohibe que fumen en determinados sitios donde voy a estar yo. Sé que los fumadores piensan que se les trata como apestados, que se les prohibe su gran placer, pero no es cierto. Deberían sentirse agredidos si se les prohibiera completamente acceder al tabaco, cosa que no es cierta. Que fumen, que se envenenen ellos, pero que, por favor, que no me quiten mi perfume de azahar...

    Un abrazo y gracias por tus reflexiones.

  3. Perdón, quise decir... no prohibiría que la gente fumase...

    Así está mejor. Pequeño desliz.. :)

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